la ropa grandota
Esto le ha pasado a toda madre que se precie. Antes de ver a tu hijo, ves la ropa hecha para bebés y se te ocurre que es imposible que le pueda quedar al tuyo, que parecen hechas para juguetes y que es imposible que un ser con las mismas partes que tienes tú quepa en algo tan pequeñito.
Pero bebé aparece frente a ti y esa ropita chiquitititittita que compraste le queda inmensa.
Lo extraño es que a diferencia de cuando nació Tiago, mi sobrino, a ti no te sentí indefenso, ni pequeñito, ni tuve miedo de tocarte o de cambiarte pañales y limpiarte. Eras fuerte, te movías como loco, llorabas como grande y sentía que tu carácter era de los míos, fuerte y de guerrero. Y sin embargo, la ropa te quedaba inmensa. Mira lo pequeñito que eras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario