lunes, 20 de diciembre de 2010
Día del padre
Cuando Jürgen y yo nos encontramos en el aeropuerto después de la última vez que estuvimos separados antes de que nacieras, antes de besarme a mí, se agachó y me besó la barriga. Me cuidó, me acompañó y me ayudó siempre que lo necesité, pero nada como la manera en la que se empezó a portar en cuanto naciste.
He visto padres divirtiéndose con sus hijos, dándoles el baño simbólico para sentirse útiles y hasta los he visto paseando por las calles con ellos de la mano. Pero lo de Jürgen es espectacular. Pasa noches casi tan terribles como las mías sólo para no dejarme abandonada con el trabajo de dar de mamar, te cambia los pañales cuando él ha dormido mejor que yo, y hasta te ayuda a eructar con mucha más precisión que yo.
Un día me dijo "Cómo va a pasarla Eduardo cuando yo tenga que trabajar ocho horas al día", yo sólo atiné a sonreír, sabía perfectamente que lo que más le dolía era no verte él durante ocho horas al día: "No te preocupes Jürgen, cuando regreses, Eduardo va a estar más feliz que nunca".
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