sábado, 18 de diciembre de 2010
1 mes de Dudu
Tu primera semana
Es difícil ahora acercarme a ti como a un adulto porque puedo verte como eres ahora. Cuando estabas dentro de mí, era fácil imaginarte creciendo y formando tus ideas y tus propios deseos, ahora que te veo llorar de hambre o patalear para tirarte un pedo me es difícil pensar que en unos meses estarás gateando y en unos años tratando de comprender a Descartes.
Esta primera semana ha sido la cosa más terrible para nosotros tus padres, sabía que sería difícil convivir contigo, cuidarte y darte lo que necesites, pero la realidad supera la ficción. Algo que consideraba tan simple como cambiar un pañal desechable ha sido de las cosas más difíciles del mundo, y eso de toma leche y duerme es parte de la imaginación de Walt Disney. Tú bebé, aprendes todos los días, y yo estoy aquí en la obligación de acompañarte en este aprendizaje, entonces un día aprendes que cambiarte los pañales es algo que tengo que hacer y lo aceptas con estoicismo, otro día aprendes que si cierras los ojos vas a poder dormir, aprendes también que mami está contigo aunque no la ves y que cuando empieza a cantar "stars shinning bright above you" es porque es hora de dormir y mami ya no tiene fuerzas.
A pesar de todo, debo confesarte que si bien yo la estoy pasando terriblemente, tu padre anda todavía peor. Hay una hormona que segrega el cuerpo cuando te doy de mamar que me ayuda a dormir fácilmente, pero papi no tiene esa hormona, y si bien yo duermo en cuanto tú caes dormido, papi da vueltas en la cama y para cuando tú te volviste a despertar él no ha dormido nada. Hoy para colmo empecé a roncar y para tu padre fue el acabose, terminó en el mueble tratando de recuperar un poco el sueño, y no lo culpo. Él está haciendo sacrificios increibles por ti, se ha encerrado en un lejano país de sudamérica por amor a tu madre y ahora está encerrado en nuestro cuarto sólo para poder ayudarte, lavarte la ropa, cambiarte el pañal y hasta prender la luz y apagarla durante la noche para que mami apunte bien a la hora de darte de comer.
Al final, en algún momento del día, abres los ojos y empiezas a mirar a todos lados, nos das cachetadas suavecitas con tus manitos a papi y a mí y se nos olvida el sueño y la pena y la angustia y la tristeza y con esos ojos curiosos que todavía no entienden nada nos haces ver que todo vale la pena, entonces te miro, te doy un beso en la frente y te digo que te amo... y aunque no lo entiendes, sé que es lo único que puedo hacer ahora.
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