Pero cuando uno deja el Perú, a pesar de todo el cariño que provoca, también puede encontrar fácilmente razones para querer dejarlo. No odiarlo o dejar de amarlo, pero al menos sufrir un poco menos la partida. En estas últimas semanas siento lo mismo que sentía en el colegio los últimos días de clases. En ellos, odiaba a los profesores, odiaba el uniforme, odiaba a mis compañeros y odiaba hasta el piso bajo mis pies. Todas las cosas que odiaba del colegio (que todo el año eran muchas) se volvían físicamente insoportables, caía en depresión y hasta lloraba de la angustia de querer por fin dejar toda esa basura.
Algo como eso, pero menos grave me está pasando. No soporto las combis, los claxons de los carros me enferman, mi cuarto (que es toda una casa para la familia panda) se siente cada vez más pequeño a pesar de estar cada vez más vacío, y hasta pienso en Austria con ilusión. Yo misma me sorprendo del hecho de que mi ejercicio mental haya dado tan buenos resultados y hasta me sienta feliz a veces de irme de una vez por todas.
Y es que ahí está el asunto, yo preferiría quedarme, pero esta sensación de estar por irme y no irme es lo que me llena de angustia, y aún así, a veces veo las veredas que no veré más a diario, ese kioskito que se esconde entre las casas a la vuelta de mi casa, mis amigos del barrio con esas sonrisotas francas y abiertas que me abrigan sin una sola palabra y siento como si estuviera a punto de saltar al vacío, como si este piso que me sostiene aquí en Lima se fuera a quedar aquí en Lima y allá no me quedara más que caer.
Pero regreso a mi primer estado de ánimo, arriba Austria, fuchi Perú (no me lo creo muy profundamente, pero ay de las artimañas que Odiseo tuvo que utilizar para llegar a Ítaca sano y salvo, así me valdré de las mías para llegar a Graz con ganas y contenta).
Les dejo algunas fotos de los últimos días.
El dud se sacó la mugre al tropezar y caer, me asusté tanto con la sangre y la heridota que casi lo llevo al hospital, pero no pasó de ser un susto y un labio horriblemente hinchado.
El dud en una galería
Jugando en la tina con Karla (Lala)
Celebramos el cumpleaños de Jürgen en la Bisteca (regalo de la madrina del Dud) todo súper rico y lindo, lo único terrible fue que se confundieron un poquito a la hora de poner el nombre de Ju.
Las consecuencias del sol.
Dudu en La Punta
El circuito del agua.
Tiago mojándose a más no poder.
Mis profesores y unos amigos de la piscina. POR FIN APRENDÍ A TIRARME :D. sin panzazo ni dolor en el pecho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario