Uno tiene que estar en un lugar como este para darse cuenta de lo que significa la primavera. Hace sólo unos días, el piso estaba lleno de barro por la nieve derretida y los árboles parecían haberse negado a la vida para siempre. El pasto, recién despidiéndose de la nieve, era marrón y el poco césped que se veía estaba seco. Y de un día para otro, la temperatura empieza a subir, la lluvia cae y en vez de ensuciar limpia, y del pasto seco y la tierra húmeda empiezan a crecer florecitas de colores. Los árboles, que por un momento parecían los más apáticos, empiezan a escupir bulbos que en un abrir y cerrar de ojos llenan sus ramas de flores de colores. Casi sin darte cuenta, el paisaje yermo, se vuelve un paraje bucólico en el que estás rodeado de plantas, flores, pajaritos que cantan de miles de formas y cientos de risas de niños que corren y juegan.
Y ahí en medio de todo eso, Dudu mira su pelota, se acerca desafiante, la patea con fuerza y grita GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL (pero, desafortunadamente, en alemán)
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