Hace tiempo que necesito sacar a mi mamá de la casa para disfrutar estar con ella. Dentro es como si todo lo que le importara girara en torno a lo que se debe hacer. En cuanto sale, puedo tener una madre capaz de hacer cosas divertidas, jugar, caminar, descansar en el pasto y hasta conversar con placer con el Dud que no siempre la escucha pero al menos intenta hacerlo.
Estar con mi madre fuera de la casa me hace tener a la madre que quiero, con la que puedo conversar, la que habla de cosas que quiere hacer, que quiere que hagamos, la que tiene planes en la vida, la que sabe escuchar.
Katy es una compañera del colegio. Sólo fue compañera mía en quinto de secundaria, así que no me conoció con anteojos y colita al costado. Soportábamos la estupidez del colegio jugando 4 en raya y conversando sobre nuestras aventuras con chicos (claro que en esa época nuestras aventuras eran besos sin compromiso y tal vez uno que otro toqueteo sin mucha profundidad) En cuatro en raya nadie nos ganaba, y de lo otro... recuerdo cuánto nos gustaba conversar. Después del colegio nunca nos volvimos a ver, vivíamos a 3 cuadras pero igual nunca nos volvimos a ver hasta que me la crucé en la calle y conversamos por horas como no lo hacíamos desde que teníamos 15 años. El otro día fui al cumpleaños de su hijo, cuatro años, sólo 2 más que Dudu (o un poco más) y fue extraño verlos a todos. Ver a su hermanita, que era casi una bebita en esa época, ahora toda una adolescente; ver a su hermano, con la misma sonrisa encantadora pero prácticamente con otra cara. Supongo que igual me vieron a mí, tratando de descubrir lo que quedaba de mí en mi cara, en mis movimientos, en mi voz. Es rara esa sensación, es como si te perdieras en la búsqueda del pasado. La única que está igualita es ella, Katty, la veo y casi puedo exigirle un cuatro en raya, jalarla para decirle algo en confidencia, la veo con los ojos que tienen los enamorados y no porque sienta algo por ella directamente, si no porque la veo y veo mi adolescencia caminando, hablando, contándome historias, veo su sonrisota y no puedo evitar sentir un cariño enorme y profundo por ella. Ay Katikaty, a ver si un día nos tiramos la pera juntas.
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