Anteayer fuimos a la embajada de Austria, no me voy a quejar de ella porque la lentitud y la burocracia que se ve en ella es tan parecida a la nuestra que casi siento vergüenza propia al hablar de ella. El asunto con ir a la embajada es que para Jürgen un viaje hasta San Isidro obliga a la familia Panda a ir más lejos todavía. Llegar hasta ahí sólo para recoger un pasaporte y regresar a casa, jamás. Eso lo tenía yo pensado, pero él ya había sacado su mapa y había pensado en distintos parques y lugares que visitar para el lado de allá.
Así fue que terminamos en Miraflores viendo jugar a Eduardo en el Parque Kennedy con un montón de niñitos desconocidos y un montón de madres insoportables que acorralaban a sus hijos con frases como "TÚ NO PUEDES HACER ESO", "NO TE CAIGAS" "POR AHÍ NO, ASÍ NO SE HACE", " TIENES QUE BAJAR ASÍ" "AAAAAAAAAAAH, CÓMO SE TE OCURRE HACER ESO" etc. Y es que si hay una cosa que yo no entiendo es por qué tienen que explicarle a los niños de qué manera se DEBEN divertir, o quién se cree una madre para decirle a su hijo de año y tres meses que no puede subir unas escaleras. Luego ven a mi hijo y me preguntan por su edad y dicen, ah, mi hija es menor. Y yo me muerdo la lengua para no decirle "si ahora no puede hacer eso, tampoco va a poder en cinco meses"
Lo lindo fue que al final del día, Dudu cayó dormido en el taxi a los 5 minutos de subirnos. Supongo que se divirtió y harto, y si tengo que aguantar a madres reprimiendo a sus pobres hijitos a cambio de ver al Dud divirtiéndose, vale la pena.
Dudu poniendo la basura en su lugar
Investigando el funcionamiento de las llantas de su coche
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