lunes, 30 de agosto de 2010

La fatalidad

                La fatalidad es algo que ataca sin avisar pero que por alguna razón estás esperando. Eso es exactamente lo que le pasó a Edipo, ¿no? Lo terrible de su fatalidad no es que se haya casado con su madre y matado a su padre, lo terrible es que se lo dijeron y lo intentó evitar y no pudo.
                Es como en el fútbol. Cada 4 años el Perú se encarga de intentar ir al mundial, cada 4 años siempre hay fatalistas que dicen “Perú no va al mundial y no irá nunca más”, y como Perú no va al mundial lo que nos duele realmente no es sólo que no vaya si no que ellos tuvieran razón.       
                Y es que nos sentamos y esperamos, esperamos el momento histórico en el que eso que esperamos no suceda, que la repetición deje de ser una premonición, que podamos mirar al pasado y decir, fue ahí cuando íbamos a meter ese gol histórico. La cámara toma el pie del jugador peruano, en una esquina y todos susurramos rezando por un gol olímpico, o en ese tiro libre que está suficientemente cerca, todos dejamos de respirar y esperamos. Pero no pasa nada, Perú… no va al mundial.
                Es el tiempo lo que nos jode, no podemos entender que lo que ya está escrito en el pasado, no haya estado escrito cuando no era pasado. Entonces suponemos que podemos predecir, que hay algo en nuestro mundo que escribe lo que nos está pasando. Como cuando el Quijote se detiene y piensa en cómo debe actuar para el sabio que escribe sobre él. Si pues, sé lo que debe pensar Mondoñedo... el gran otro, siempre el gran otro, en el fondo Dios siempre existe aunque no exista, siempre actuamos para eso que nos mira desde arriba: la objetividad, las líneas de Nazca, incluso este blog...
                Por eso la fatalidad ataca como una hormiguita, es pequeñita pero sabemos que está ahí, o ataca como esos sancudos de verano, no los vemos pero joden hasta decir basta. Y así subo las escaleras y a la mitad me doy cuenta de que no he apagado la luz y al bajar miro mi pie, casi espero caer y romperme la cabeza, así que bajo con cuidado, la repetición, el hecho histórico, al final no pasa nada, luego subo las escaleras, Ju está ahí, esperándome con una pregunta en los ojos, me besa, entramos al cuarto “Dudu sigue dormido”, me siento a escribir mientras me pregunto ¿a qué viene todo esto de la fatalidad? Ah sí, no apagué la luz…

No hay comentarios: